Los cuatro jinetes del apocalipsis de la politica hondureña.Caritas.

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Los cuatro jinetes del apocalipsis de la politica hondureña.Caritas.

Mensaje por aneth2010 el Mar Jun 20, 2017 7:02 am

LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS
En este proceso se está destruyendo toda racionalidad y ética en la política: da la impresión que buscamos destruir todo el Estado hondureño, es como sí los jinetes del apocalipsis están aniquilando esta pobre nación. ¿Cuáles son esos jinetes?
1.- Sistema electoral arcaico. Se mantienen las mismas reglas del juego para las elecciones del 2017. El Tribunal Supremo electoral sigue dando señales de parcialidad política, descalificando en nombre de la ley cualquier asomo de participación política alterna. La sabiduría popular nos dice que en un litigio no se puede ser juez y parte. Además en las elecciones primarias, el Tribunal Supremo Electoral mostró una profunda debilidad, dando por válidas unas elecciones que aún los miembros de los mismos partidos denunciaron como fraudulentas, pero esto no fue investigado, ni sancionado por el Tribunal. ¡Si así son las vísperas cómo será la fiesta!
La clase política no hizo nada para hacer avanzar la democracia formal que diera mayor participación a la población: no se admitió la segunda vuelta, los distritos electorales, la ciudadanización de las mesas, la conformación de un verdadero Tribunal electoral, un nuevo censo electoral, la equidad en la propaganda de los partidos políticos. Se ignoraron por completo todas aquellas reformas que hubieran fortalecido la institución electoral y en su lugar se mantuvo hasta ahora un sistema con muchas lagunas, pero que asegura el dominio de la clase política sobre la población y el proceso electoral. En ese caso la decisión fue clara: mantener un sistema electoral obsoleto.
2- Un sistema de pactos nefastos. Las últimas elecciones para escoger la Unidad de Fiscalización que monitoreará la nueva ley sobre el financiamiento de los partidos políticos ha dejado de nuevo por parte del Congreso nacional un mal sabor de boca: días antes se sabía los nombres de los nuevos funcionarios, producto no de una elección sino del cabildeo, de los pactos que llevan a acuerdos entre tres partidos. Se vislumbra una Unidad de compadre hablado, con un ganador y también como siempre un perdedor, la ciudadanía. Surge la gran pregunta: ¿tendrá libertad esta unidad para señalar los actos de corrupción en la financiación de los partidos políticos? Abiertamente, las fuerzas políticas representadas en el Congreso modificaron el contenido original de la ley presentado por la MACCIH, pasando de un comisionado a tres comisionados, coincidiendo con el número de partidos políticos con mayor número de diputados en el Congreso. Se perdió la oportunidad de avanzar en el adecentamiento del proceso electoral, por lo menos de empezar a eliminar viejas prácticas políticas; pero los intereses inmediatos tuvieron mayor peso en estas decisiones, que de no controlarse llevarán seguramente a crear condiciones de inestabilidad. No olvidemos que ¡tanto va el cántaro al agua que por fin se quiebra!
3.- Insensibilidad de la clase política. Lo más preocupante en esta nuestra democracia es que la clase política no se inmuta frente a los casos y escándalos de corrupción, es más, tienen la convicción que el ciudadano tiene la obligación de votar por los que ya están seleccionados para gobernar, independientemente de su conducta ética. Los partidos haciendo caso omiso de cualquier denuncia están estimulando a sus correligionarios a votar en plancha: es una forma muy sutil de manipular, insultar, despreciar a los votantes y convertir los procesos electorales en ejercicios para renovar o ratificar las élites políticas. Todavía estamos esperando la rendición de cuentas de los partidos que participaron en las elecciones internas del 2017. En otras democracias con mayor cultura y madurez política, sería impensable aceptar a estos candidatos señalados con actos de corrupción o con vínculos con el narcotráfico. Es más: ellos mismos, si tuvieran un mínimo de ética, renunciarían a cualquier postulación. Claro, esto traería fuertes costos que no están dispuestos a pagar los partidos políticos.
4.- La sombra de una reelección. Este año cargaremos con un nuevo peso, la oscuridad en el proceso por introducir la figura de la reelección, imagen que todavía no ha sido aceptada por un porcentaje alto de la población; pero además la utilización de la gestión gubernamental como espacio de campaña política. Para una gran mayoría: poder, estructura, dinero y organización son instrumentos que difícilmente pueden ser derrotados, pero también se convierten en herramientas para cuestionar cualquier tipo de resultados. Hace siete años parecía que apostábamos de nuevo por una transición a la democracia menos formal y más real, y sin embargo caminamos rápidamente hacia la precarización de la democracia, disminuyendo el entusiasmo de la ciudadanía para participar en unas elecciones que considera que ya están arregladas.
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¿Cuáles son nuestros desafíos? Las próximas elecciones se realizarán posiblemente en medio del desánimo social y del desprecio a la política y a los partidos políticos por diferentes razones: la repartición de cuotas de poder; el permanente cuestionamiento y las denuncias contra el TSE, sobre todo la última presentada por el CNA, la cual amerita una profunda investigación por parte de los operadores de justicia, porque señala debilidades en un tema esencial para la transparencia y credibilidad de los resultados, por los escándalos de corrupción que han quedado develados en los últimos meses por testimonios de Narcos en cortes hondureñas y norteamericanas y por investigaciones de entes como el CNA y la MACCIH.
Todavía es tiempo de enderezar el rumbo de este proceso, introduciendo los cambios necesarios y pertinentes para recuperar la confianza en las instituciones rectoras de los procesos electorales, si contamos con voluntad política, conciencia ciudadana y estatura de estadistas.
Todavía se puede recuperar la autonomía de todos los entes del Estado, aplicar las leyes de transparencia y combate a la corrupción contra cualquier funcionario, especialmente en el Tribunal Supremo Electoral, y adecentar el mismo proceso mediante la renuncia de todas aquellas personas seleccionadas para asumir cargos en el próximo gobierno que éticamente no tienen la estatura para asumir esa nominación.
Todavía es tiempo de recuperar el sistema democrático que está en crisis, pero se requiere una verdadera conversión política, repensar para dignificar el quehacer político, recuperar la confianza de la sociedad, teniendo una postura más abierta a la realidad social, escuchar más a la sociedad y poner al país por encima de los intereses partidarios. De no hacer estos cambios, sin duda, la ingobernabilidad dominará el panorama social en los próximos años en el país.

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